viernes, 28 de enero de 2011

Creación de un cuento =)

La historia de Gin y Alex


La lluvia caía sobre ella. Era fría y cálida, suave y  dura. Cómo explicar esa sensación en su pecho... era tan difícil como explicar lo que era la lluvia. Todos sabemos que para un robot, que pueden calcular sumas enormes, resolver problemas vitales y demás, le es muy difícil poder describir las cosas diarias de la vida: la lluvia, el aire, el estrés, el amor. 

Y aunque ella no lo sabía. Estaba enamorada. 

Todo comenzó cuando él la vio. sus ojos grandes, su mirada negra, su cabello corto. Todo era simplemente perfecto. Su cuerpo esbelto, su cintura, su busto, tenía todo... en su lugar. Y aún si no lo tuviese, para él ella era... perfecta. 

- "Es un robot" - le dijo con voz áspera la persona que estaba parada junto a la chica. Él la miró de pies a cabeza, en ese entonces sólo tenía 13 años. Fácilmente se dio cuenta de que efectivamente... se había fijado en un robot. 

- "y... cómo se llama"

- "Los robots no tienen nombre pequeño"

- "Pero, podría tenerlo, es bonita, merece un nombre".

- "Te gusta? Es tuya. Sólo hazme un favor". 
Alex miró a la persona con ojos agudos, qué favor podía pedirle? Debía ser algo muy grande no? Era un robot muy hermoso!

- "Cuídala y tenle paciencia, es frágil... y jodidamente testaruda. sólo no la dejes botada" - Le dijo sonriendo mientras acercaba a la pequeña a su nuevo amo. 

- "Lo haré"- dijo Alex 

Avanzaron unos pasos, alejándose de la inquietante mirada del hombre que los había unido. Sabemos como es esa mirada, que nos da escalofríos, no podemos decir exactamente de qué se trata, pero sabemos que no trae cosas buenas. Sin embargo Alex siguió

- Te llamarás Gin, yo soy Alex, yo te cuidaré- le dijo Alex mientras esbozaba una gran sonrisa. 

-  Hola Alex... y qué haces para divertirte?

- divertime? Pues... yo escribo.- dijo Alex sorprendido por la pregunta de la robot. 

- Escribir? Eso es aburrido- decía la pequeña, para no evidenciar el celo de no poder ella hacer eso- yo quiero aventuras! Si vas a ser mi amo tienes que complacerme en todo! Sino escaparé! Y prometiste cuidarme!. 

Alex no sabía que decir o qué hacer. Porqué se ponía esta niñata en tono mandón?, él era el amo! No ella. La miró a los ojos mientras le decía: 

- A dónde quieres ir?

- Pues deseo ir a pasear a la playa. 

-vamos - dijo Alex mientras tomaba un rumbo diferente al que el había planeado. 

En el camino, sus manos se juntaron por casualidad, Alex aprovechó para apretar la mano de ella, ella se sintió confusa, pero también decidió juntar su mano. Y ese fue el hechizo que bastó para que de ahí en adelante Alex cumpliera todos y cada uno de los caprichos de Gin.
Gin no era, como Alex creía, la robot más bella del mundo, ni tampoco la más educada, ni tampoco la más fiel. Cualquier momento era utilizado por ella para coquetear con otros chicos y demostrarle a Alex que estaba ante la presencia de una robot muy bonita y q él tenía suerte de estar con ella. Qué tonta verdad?, No necesita hacer todo ese show. Para Alex, ella ya era la robot más bella de este mundo y otros. 

Pero así somos las mujeres cuando estamos enamoradas (bueno, tal vz no todas) queremos que nuestro prometido sepa con quién esta. Que no soy una cualquiera, que valgo tanto o más que él y que es él quien tiene la suerte de tenerme. Qué mentiras. 

Y esto lo descubrió cuando Alex tuvo ya 20 años. 

- Alex, creo que debemos separarnos. Tu vas a pasa de tortuga, yo tengo alas y quiero volar. 
- A qué te refieres Gin? No tienes todo lo que necesitas conmigo?- decía angustiado Alex
- No, lo siento, no puedo estar contigo, no somos, equivalente, soy una robot, yo puedo hacer millones de cosas. Tu eres sólo un humanos. 

- Pero Gin, si tu me pides algo, puedo intentarlo, no creo que exista algo que no pueda hacer por ti. 

- Lo siento, he tomado una decisión. 

-No creo en eso de que debemos darnos un tiempo. Si quieres que terminemos esta bien. Pero sabes que aquí estoy. 

- Lo sé. 

Y efectivamente, Gin voló. Se fue, coquetió con más amores. Se metió en problemas, salió de ellos, jugó, se rió, a veces recordaba a Alex y se reía de lo triste que debía estar ahora. Siguió con su vida... 

Más un día, todo esto terminó. Ninguna persona o robot q encontrase se podían asemejar ni la punta del cabello de Alex. Él era, simplemente... perfecto. 

Pero ahora, qué haría ella, estaba enamorada de un hombre... al que había traicionado. Qué había visto él en ella? Podría recuperarlo? El prometió estar ahí. Nunca dijo cuánto tiempo. Era posible que Alex siguiera ahí? Era posible acaso que Alex la siguiera amando? 
Era posible acaso que Alex la perdonara. 

Ahora Alex ya tenía 22 años. 2 años, parece poco, pero es lo que un corazón humano necesita para sanar heridas. 

Todo esto pensaba a la par que se sentaba a la puerta de la que alguna vez fue su casa. Cruzada de piernas con la lluvia cayendo por su piel. No tocaba la puerta. Sólo escuchaba atentamente. 
Decidió tocar. Alex abrió la puerta...